'La isla está llena de rumores'


En el año 2007, la actriz y directora Irlandesa Fiona Shaw visitó las Galápagos acompañando a su amiga de la infancia, la artista Dorothy Cross. Esta fue la primera de las visitas a las Islas de lo que luego se iba a convertir en el Programa de residencia de artistas de la Gulbenkian Foundation. En este breve ensayo la actriz reflexiona sobre su visita, y el efecto perdurable que tuvo en ella. 
 

En sus propias palabras: 'La visita ha influenciado todo mi trabajo desde entonces: la producción de la ópera de cámara 'Riders to the Sea' del compositor Vaughan Williams, de la que Dorothy fue directora artística, pero también 'Elegy for Young Lovers', la ópera de Henze, y Figaro. Abordé estos trabajos musicales sin poder obviar la carga que llevaban: su atavismo y el fatal terror a los animales que subyacen en el núcleo de su creación'.

 

No temas. La isla está llena de rumores

De sonidos, y de dulces aires que deleitan y no hacen daño

A veces mil instrumentos de cuerda

Resonarán en mis oídos, y otras veces serán voces

Que, si para entonces he despertado tras un largo sueño

Me harán adormecer de nuevo; y luego, mientras sueño

Creeré que las nubes se abren de nuevo y que muestran riquezas

Listas para caer sobre mí, de tal modo que cuando despierte

Lloraré deseando volver a soñar.

 

La Tempestad (1610-11). Acto III, escena II

William Shakespeare (1564-1616)

 

Ya han pasado algunos años, pero más o menos cada semana recibo emails sobre las Galápagos. Me hablan de pequeños sucesos, y de los avances que acontecen en la exploración científica. Sabía tan poco sobre las islas cuando las visite, pero ahora siento como si de alguna manera me pertenecieran. Quizá porque en aquel viaje me entregué al completo. Siendo una actriz, he recorrido el mundo, pero siempre bajo la sólida coraza protectora de la obra que representaba. Durante este viaje, mi objetivo era ser una mera apuntadora de Dorothy y utilizar citas poéticas en los momentos apropiados. Así me ganaba la libertad de embeberme con lo que veía, de escuchar todo lo que Dorothy decía, y de contemplar el modo en que trabajaba, y ello pese a sus declaraciones en las que aseguraba no saber de dónde procedían sus obras de arte. 
 

Los bosquejos de mis recuerdos están hechos de pequeños incidentes. Un cliché: ver a Jorge el Solitario, la tortuga gigante, apareándose con una hembra muy poco conveniente. Escuchar un ruido parecido al de loza rompiéndose cuando la concha dura de su panza trepaba por el lomo, también duro, de ella. Tengo memoria del sinsonte atrapado en nuestra celda prefabricada como una princesa prisionera, y del golpear de sus alas contra el cristal. En aquella sombreada habitación nos refugiábamos del calor de la tarde. Sentadas una frente a la otra, recitábamos fragmentos de La Tempestad para formalizar una conversación que de otro modo hubiera sido tan sólo una encantadora cháchara locuaz. 
 

Se me ocurren muchas metáforas. En cierto modo, para mí Dorothy era también un raro animal de las Galápagos. Una artista que ejercía su oficio filmando iguanas que habían abandonado sus personalidades salamandrinas para convertirse en animales de terrestres. Un espécimen que conversaba con Lazlo, investigador de las polillas que se convirtió en su dilecto, en tanto ella misma se identificaba como una polilla. Dorothy, la nadadora campeona, buceó con leones marinos que al instante nos desenmascararon e imitaron nuestros desastrosos chapoteos. Recuerdo que aterrizamos como unos astronautas, en una playa de rocas rojas. También aprendí que aparecen nuevos insectos en las Galápago, pues persiguen las luces de los barcos que llegan repletos de multitudes boquiabiertas. Son multitudes que hacen de las islas 'el destino de su vida', en tanto nosotros especulamos con el momento de su muerte.
 

Recuerdo a un hombre igual al Viejo Marinero de la balada de S. T. Coleridge, diciéndonos que la única forma de salvar las Galápagos era parar todo de inmediato. ¡Todo!. El crecimiento demográfico, los niños que tenían las madres jóvenes, los pelícanos que habían entablado demasiada amistad con el pescadero, y que pululaban por el mercado como si fueran viejos parientes, sentados en una esquina esperando a que les tiraran cualquier cosa para comer. Me acuerdo de los largos paseos nocturnos en el Centro de Investigaciones Charles Darwin. Íbamos de un lado a otro, cruzando por la reseca vegetación que crece milagrosamente en esta roca volcánica solidificada. Creo que yo esperaba que las Galápagos me revelaran algo importante, además de disfrutar el placer de ser co protagonista en algunas de las fotografías de Dorothy, y disponer de tiempo para hablar con ella sobre nuestras respectivas vidas tanto como sobre la situación de la Naturaleza y del archipiélago. Dorothy y yo tenemos en común a hermanos zoólogos, que a su vez tienen en común hermanas que son artistas. Los dos son amigos y aquí estábamos nosotras, caminando por el mundo de sus sueños. ¡Extrañas simetrías!
 

Y recuerdo que, casi al final de mi estancia, tomé varias fotografías del cementerio donde se había iniciado la historia de la intrusión humana. Aparte de los exploradores, con sus conocidas historias sobre gigantescas tortugas colocadas panza arriba en los barcos para servirles de alimento, hubo una oleada de inmigrantes alemanes más reciente, en el siglo XIX. Se casaron y murieron aquí. Sus tumbas tienen la virtud de la rareza y hacen que sus vidas extintas parezcan más importantes. Todos estos incidentes me hicieron sentir una suerte de distanciamiento en lo que se refiere a las Galápagos. Una falta de circulación, una parálisis, como si mi mente se hubiera apagado durante este lapso de tiempo. Pero ahora que vuelvo la vista hacia atrás me doy cuenta de que la energía de las islas no está allí para atraer sino para repeler. Una se siente triste allí. Nosotros, los seres humanos, NUNCA hemos sido capaces de dejar algo en paz, por lo que la inminente extinción de este delicado equilibrio parece inevitable, imposible de frenar. Cuando pienso en las islas lamento leer que tantas personas las han visitado desde que yo estuve allí. Y también lamento haber sido una de ellas porque sé que no es natural centrarse en un problema para luego darle la espalda. Sobre todo teniendo en cuenta que nosotros somos el problema. Y somos el problema porque nuestro ancho mundo es tan poco justo y equitativo que los pobres Ecuatorianos se ven obligados a reivindicar las islas para poder sobrevivir, y entonces crean una industria turística que es catastrófica para la supervivencia de las islas. Supongo que tampoco es natural que amemos algo y que lo abandonemos, pero eso es exactamente lo que deberíamos hacer. Quizá las personas formen parte del futuro de las Galápagos pero si esto es así entonces sus islas dejarán de ser las islas de Próspero. Dejarán de ser el mar del Viejo Marinero. Al igual que todos los visitantes de las Galápagos, me siento honrada y agradecida de haberlas podido ver. El arte lleva la marca de muchas contradicciones. La visita que hice a las Galápagos fertilizó mis ideas, pero la abstraída mirada de de un pájaro piquero de patas azules nos pide que nos mantengamos alejados de ellas…

 

Algunas de las obras más conocidas en las que Fiona Shaw ha actúado son: Footfalls y Happy Days, ambas de Samuel Beckett (representadas en 1994 y 2007 respectivamente), Medea, de Eurípides (2003), Madre Coraje y Sus Hijos de Bertol Brecht (2009). Fiona Shaw ha sido galardonada con el London Critics' Awards y el Olivier Awards por sus trabajos como actriz. También ha trabajado en cine en obras como My Left Foot (1998), y la serie de películas de Harry Potter. Desde el año 2008 dirige regularmente producciones para la English National Opera de forma regular.

 

Riders to the Sea (1927), ópera de Ralph Vaughan Williams basada en una obra dramática de J.M. Synge. Producción de Fiona Shaw para la English National Opera. Se estrenó en The Coliseum, de Londres el 27 Noviembre del 2008

 

Elegy for Young Lovers (1961) de Hans Werner Henze. Producción de Fiona Shaw para la English National Opera. Se estrenó en The Coliseum, de Londres el 17 de Febrero del año 2010

 

Las Bodas de Figaro de Mozart (1786). Producción de Fiona Shaw para la English National Opera. Le obra se estrenó en The Coliseum, de Londres el 5 de Octubre del año 2011